Granja holandesa entre luces y sombras, 1635–36
Rembrandt fue un verdadero maestro en la representación de la luz, ya fuera una luminosidad de carácter espiritual o sencillamente el sol bañando el muro de una ruinosa granja en el campo holandés, como bien ilustra este dibujo, una de las primeras casas labriegas que el maestro plasmó durante sus largas caminatas por las afueras de Ámsterdam. El ardiente sol estival queda sugerido por el marcado contraste entre los profundos tonos de tinta parda y la superficie blanca del papel, que el artista dejó deliberadamente intacta. La vid que trepa por el muro apunta a la presencia humana y acentúa las cualidades pictóricas de la escena.